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jueves, 17 de abril de 2008

Los fantasmas del Prado


Acudía ayer, al Museo del Prado, la pinacoteca más impresionante del mundo, por lo menos de las que he conocido in situ.

Todo comenzaba con la noticia de la exposición de las obras de Goya con motivo del segundo centenario de los hechos de 1808 que dieron lugar a la guerra de la independencia. Mis padres no conocían el museo y , dada su condición de prematuros jubilados, tenían tiempo para ello. Tengo que decir que yo no soy poseedor de tiempo libre pero las preferencias en la vida se tienen que demostrar sobre el tapete y no en la teoría. Y mi preferencia era compartir con ellos esta maravillosa colección.

Cuál fue mi sorpresa esa mañana soleada y bochornosa de Abril, cuando entré en la sala acondicionada al pintor, al encontrarme ante un artista con el que me identificaba totalmente: Alma progresista y amor por sus compatriotas y amigos. La vida de un hombre que ve morir a cuatro de sus hijos, su mujer, que contrae una enfermedad extraña que le deja sordo... y que aún así es capaz de ser el mayor pintor español de todos los tiempos y quizá del planeta.

Basta ver sus grabados y aguafuertes, para experimentar la angustia vital y la soledad de este artista.

Y ahí quería yo llegar.

La soledad. Este año, estaba planeado para ser un año de transición en mi vida, y calculé mal. Pensando que la travesía en el desierto siempre suele ser dura, no pensé en la mayor de las calamidades de un ser social que es el hombre. La soledad.

La profesión que yo he elegido (privilegiado de poder hacerlo) se caracteriza por eso, por no tener nadie a tu lado con el que compartir tus conocimientos, tus descubrimientos, tus hallazgos... por no tener retribución económica al hacerlo... y si a eso le sumas el estar alejado de todo lo que has sido durante más de diez años...suma y sigue... luego de las más de cuatro horas que paso en transporte público todos los días...

El cuerpo tiene un aguante, es inteligente. Y el mío me está diciendo que la gasolina está jodía y que la telemetría no es la adecuada, el trazado de las curvas es demasiado anguloso y por tanto se pierden décimas.

Debo entrar en boxes.

Por eso pido paciencia a aquellos que están conmigo en este camino que se torna angosto, empinado, oscuro y lleno de barro. Pero que es etapa obligada antes de llegar a los campos elíseos.

Y un abrazo de agradecimiento.