La navidad es una época en la cual el subconsciente colectivo agudiza sus sensibilidades. Lo que es malo es peor y lo que es bueno, es lo mejor que nos ha pasado. Creo, que, hasta aquí, no hay debate.
Desde hace tiempo pretendemos inculcar a estas fechas de un obligatorio sentido de la reflexión, la amistad, la solidaridad, la familia, la reunión, el diálogo... Bienaventurados los que lo consigan. A mí particularmente no me gusta. Y no me refiero a la navidad...me refiero a este sentimiento tan parecido al binomio Verano-Playa. Más tarde y más temprano despertamos y nos damos cuenta de que nadamos en un mar de marketing y de dinero (money makes the world get round). Me gusta consumir, lo digo abiertamente, pero no me gusta que me digan cuándo. Es tan simple como eso. No es que quiera autorreafirmarme haciéndome el rebelde y el memo contracorriente alternativo (esa isla ya la conquistaron hace tiempo los directivos de las empresas) Es, simplemente, que no me gusta que me digan lo que tengo que hacer.
Hay muchos tipos de totalitarismo y uno es el de la pertenencia a la manada, propia de la adolescencia. Y en un mundo que idolatra a la juventud como concepto extraño, es de recibo que ese inconsciente nos arrolle. Es decir, que si no haces esto o lo otro eres un individuo extraño. Y a mí me están empezando a gustar los individuos extraños y a cansar los comunes. Sobre todo cuando no caso con esa comunidad.
El sentido común es el pasillo donde el hombre realiza su labor social, pero no es su hábitat sempiterno. No podemos estar siempre a la moda, no se puede estar arrastrado por el torrente de lo consumible, simplemente tenemos sitios y conversaciones comunes, pero no pueden ser éstas nuestra razón de ser.
En una semana he oído decir a tres personas, de estas "extrañas" de las que hablo, que por "casualidad" o "causalidad" son muy buenos amigos míos, que sentían que no tenían mundo interior. Huelga decir que las tres tenían un gran mundo interior, son cultas y preocupadas por el mundo y sus habitantes, por sus vidas...pero las tres tenían un nexo negativo: Viven obsesionadas con el "qué dirán". Resultado de lo que os venía diciendo de sentirse no pertenecientes a la manada.
Cuando aquel que domina una situación en un grupo social, ve que otro tira por su lado, está en los genes retarlo a volver a la manada y a no rebelarse. En vez de luchar con las garras, luchamos con la indiferencia y con la humillación social. El friki, el denso, el rayao, el flipao...son adjetivos que algunos hemos recibido y todos hemos achacado a personas que no sabíamos por dónde cogerlas.
Yo, personalmente, intento no usarlas ya. Pues está demostrado que "esos bichos raros" son lo que al final sacan de las castañas del fuego al resto en un momento determinado. El resto es morralla.
Pero volviendo a la obligación de estar alegre en estas fechas sólo os doy datos: En una semana he tenido que ir dos veces al tanatorio municipal, dar el pésame a dos amigos míos, he visto como mi tren se retrasaba por una mujer que se ha suicidado en la vía, una amiga mía me ha confesado que su madre está muy enferma, he sentido que perdía amigos, no tengo dinero para adquirir cosas(modestas) que quiero, no tengo inspiración para escribir, me he tenido que mudar de mi piso por culpa de la violencia de un individuo de esos que sobran en el mundo, y no me sale de los cojones salir a la calle con la zambomba.
Y soy feliz. Mi familia goza de salud, mis amigos me demuestran día a día que lo son por algo, estudio lo que quiero, no tengo que rendir cuentas a ningún gilipollas que se forra a costa de mi tiempo, me he reencontrado con amistades queridas, me he sentido bien dando el pésame y estando un rato compartiendo el dolor de mis amigos y me alegro que mi amiga se sincere al contarme lo de su madre...
¿soy raro?
Espero que sí.